
19 de junio de 2026 – Cuando Luis Peña fundó la Academia de Música Peña en Humacao en 1992, jamás imaginó el alcance que tendría aquella decisión. Lo que comenzó como el sueño de un joven naguabeño que aprendió sus primeros acordes en una iglesia de barrio se ha convertido en una de las instituciones musicales más reconocidas de la región este y en un espacio donde cientos de niños y jóvenes han encontrado mucho más que clases de música.
Hoy, al mirar hacia atrás, Peña reconoce que el verdadero legado de la academia no se mide únicamente por los músicos que han llegado a escenarios nacionales e internacionales, sino por las vidas que ha impactado en el camino.
“Yo dije, algún día quiero multiplicar mi talento. ¿Cómo lo puedo multiplicar? Pues fundando una academia”, recordó Peña durante una entrevista especial con WALO Radio por motivo de le celebración del Día de los Padres.
Natural del barrio Peña Pobre de Naguabo, Luis creció rodeado de música en la iglesia Alfa y Omega, donde comenzó a tocar guitarra desde niño. Más adelante recibió formación musical formal, pero nunca olvidó las enseñanzas de quienes le dieron sus primeras oportunidades.

Con esa misma filosofía abrió las puertas de la academia hace más de treinta años. Desde entonces, por sus salones han pasado cientos de estudiantes, muchos de ellos convertidos hoy en músicos profesionales, maestros de música, integrantes de orquestas, agrupaciones religiosas y artistas que continúan llevando el legado de la academia a nuevas generaciones.
Uno de esos casos es el de Paul, quien llegó a la academia siendo apenas un adolescente y hoy ha compartido escenarios con artistas de renombre como Tito Nieves.
“Padre musical, ejemplo a seguir. Cuando tú quieres lograr algo, él siempre te aconseja, te impulsa y te recomienda”, expresó el músico al describir la influencia que Peña ha tenido en su vida.
Pero quizás donde el impacto de Luis Peña resulta más evidente es en las historias de estudiantes con necesidades especiales que encontraron en la música una herramienta para superar barreras.
Entre ellos figura Gerardo, un joven con autismo que comenzó asistiendo a la academia como parte de un proceso terapéutico y que hoy es graduado del Conservatorio de Música de Puerto Rico con un bachillerato en saxofón clásico. Su madre, Edna Figueroa, recuerda que llegó a la academia buscando algo que ayudara a su hijo a desarrollarse.

“Mi hijo necesitaba un papá musical”, recordó sobre las palabras que le dijo a Peña cuando lo conoció. Años después, asegura que la música cambió la vida de Gerardo y fortaleció áreas fundamentales de su desarrollo personal y académico.
Historias similares se repiten una y otra vez. Como la de Elisa Reyes, quien llegó a la academia enfrentando desafíos relacionados con dificultades de aprendizaje, procesamiento sensorial, déficit de atención e hiperactividad. Hoy forma parte de agrupaciones musicales, ha participado en programas especializados y sueña con recorrer el mundo como timbalera profesional.
“Si no fuera por él, yo no estuviera aquí”, expresó la joven al referirse a Peña y a la oportunidad que encontró en la música.
Para muchas familias, la academia ha representado mucho más que un lugar para aprender a tocar un instrumento. Ha sido un espacio de crecimiento, disciplina, autoestima y esperanza.
“Jamás pensé esto. Siempre tuve fe en lo que hacía, pero nunca imaginé todo lo que iba a ocurrir”, confesó Peña al escuchar los testimonios de estudiantes y padres durante el programa especial.
Padre de dos hijas y abuelo de tres nietos, Luis reconoce que la familia ha sido parte esencial de este recorrido. Sus hijas crecieron entre ensayos, conciertos y clases de música, observando cómo la academia se convertía en una extensión del hogar.
Su hija Limari Peña lo resumió de una manera sencilla pero poderosa: “Es un excelente padre y un excelente ser humano. Ama la música y ama ayudar a las personas”.
Más de tres décadas después de aquella decisión tomada en 1992, Luis Peña sigue llegando cada día a la academia con el mismo entusiasmo de cuando comenzó. Mientras observa a nuevos niños aprender sus primeras notas y a antiguos estudiantes regresar convertidos en profesionales, comprende que el mayor logro no ha sido formar músicos.
Ha sido formar personas.
Y en el proceso, convertirse en el padre musical de generaciones enteras en el este de Puerto Rico.
Entrevista completa aquí:
Walo Radio 1240 AM Walo Radio Oriental